Antes de que el mundo cambiara, antes de que algo invisible nos paralizara, antes…estábamos viajando. Viajábamos sin miedos, con ganas de descubrir lo que no vemos, lo desconocido. Con la intención de sumergirnos en otras culturas, ponernos a prueba sobre nuestras motos y demostrarnos que este Planeta está hecho para todos los que quieran aprender de él, de los hombres que lo pueblan.

La historia comienza en mi casa, una tarde de invierno, después de comer. Raquel, @ReichelIndomable, y yo charlábamos con otros amigos que en un mes salían rumbo a Dakar. Un viaje organizado junto con otros motoristas, un viaje relámpago hasta la ciudad mítica que dio el nombre a uno de los rallyes más complicados y duros del mundo: el Rally Dakar.

La idea de llegar hasta allí, huyendo del frío español, me pareció una buena idea. A Raquel también. Y no iba a ser un viaje de ida y vuelta rápido, como el de nuestros amigos. Sería un viaje largo, de dos meses al menos para visitar el país de Senegal a fondo. Recorrer todos sus rincones, parques nacionales y playas, cruzar su río Gambia y disfrutar de su gastronomía.

Y así comenzó este viaje a Senegal, con un «Sí» enorme que salió de la boca de Raquel. Nos íbamos a descubrir Senegal, una antigua colonia francesa cruzando el trópico de Cáncer. El viaje comenzaba a definirse. Entonces, quise hablar con alguien que lo conociera bien y que hubiese estado hace relativamente poco, para poder sacar todo el jugo al periplo motero.

Mis contactos me llevaron hasta el despacho de Alvaro Planchuelo, arquitecto y director de Campamentos Solidarios, una suerte de alojamientos para extranjeros, pero típicos, como aldeas, donde trabajan los senegaleses manteniendo su forma de vida, arquitectura local y gastronomía.

Alvaro nos invitó a conocer estos lugares, para que nosotras os los contásemos a vosotros y para difundir la gran labor que hacen en esta organización sin animo de lucro. A cambio de alojamiento, nosotras deberíamos contar los que vivíamos, resultaba un buen plan.

Pero como en todos mis viajes, o al menos en su mayoría, surgió la magia cuando en el despacho de Alvaro, este nos contaba una historia…la de Edouard. Este senegalés vive en la región del País Bassari, en el suroeste del país. Es un jefe tribal que lleva más de 10 años trabajando con Campamentos Solidarios, censándo a sus habitantes en un área de 50 km a la redonda. Edouard se patea esta extensión cada día para mantener su comunidad en contacto, saber de nacimientos, fallecimientos, enfermos, celebraciones… es el hilo de unión en esta parte del país.

Edouard es un gran jefe, lleva años uniendo a su comunidad y cuidando a su gente. Cada primavera envía una carta a Campamentos Solidaros explicando las necesidades de la comunidad: un tejado, unos pupitres, medicinas…y siempre, cada año desde hace 10, al final de su lista de peticiones, otra, en letra más pequeña: _necesito una moto para desplazarme por la región, así mi trabajo como jefe, sería más sencillo_

Pero nunca llegaba esa moto, es algo superficial frente a los importantes retos que hay que conseguir, así que Edouard, nunca obtuvo su moto…

Alvaro nos contó la historia que Raquel y yo escuchamos muy atentas. Mi cabeza empezó a dar vueltas y a buscar soluciones, ¿Cómo era posible que ese hombre caminase tanto? ¿Cómo algo tan necesario pasa a ser casi un lujo para ellos? ¿Cuál sería la manera de ayudar a este hombre?…mil preguntas más se amontonaban en mi cabeza…y la más importante: ¿Cuánto cuesta comprar allí una moto?

La respuesta fue rápida y directa: comprar una moto cuesta unos 1000€. El resorte en mi cabeza explotó: ¡¡Raquel, Alvaro!! ya se lo que vamos a hacer, usemos este viaje para recaudar fondos y comprar esa deseada moto a Edouard, malo sería que con la cantidad de gente que me sigue y que ya ha demostrado que son generosos y se implican, no lleguemos a esos 1000 euros de la moto_ Raquel y Alvaro asintieron. _¡¡Manos a la obra!_

Tras una semana de preparativos como visados y vacunas, estábamos en marcha. Senegal, Edouard, la moto, el viaje…todo nos esperaba. Y salimos a un viaje increíble con un final que a nadie se le hubiera ocurrido jamás…regresar a encerrarme en casa, en mi país, por algo invisible…

Os dejo con la serie de capítulos de video que Raquel y yo estamos editando, para que tengáis una ligera idea de como son mis viajes, de lo que no se ve cuando transmito en redes sociales. Las carreteras, el polvo, la gente, la comida… algunas emociones y muchas pruebas que superar. Por que en este viaje, hemos reído y llorado, hemos pasado mucho calor y agotamiento. Senegal no es fácil, pero ¿quien dijo que una gran Aventura lo sea?

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Alicia Sornosa

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