Por México en Moto: La ruta me llevará desde Chiapas a Heroica Puebla de Zaragoza, acabando en El Valle del Bravo. En estos momentos Chiapas es uno de los estados más peligroso para rodar.

Los continuos bloqueos en las carreteras por las huelgas de maestros pueden hacer que pase varios días sin poder atravesar las barricadas.  Pero Chiapas resultó ser una de las rutas más bonitas en cuanto a paisajes…Nada malo ocurrió, sólo magia…

Por México en moto: San Cristobal de las Casas

Es una ciudad de estilo colonial donde se mezcla, como en todo México, lo tradicional con lo nuevo, pertenece al estado de Chiapas. es una población donde se turistea paseando por sus calles, sea de día o de noche. Llegué hasta una cafetería del hotel, donde me recibieron otros amigos. (México está lleno de amistad, de amantes de la pasión por el equilibrio). Mientras pedíamos algo para llenar nuestros estómagos, se fueron sumando otros amigos más. Mi idea era pasar una noche y salir al día siguiente ya que tenía los días muy justos para llegar hasta Tijuana pero insistieron tanto en que debería quedarme que me acabaron convenciendo para pasar dos noches más allí. Esta fue una ocasión magnifica para gastar alguno de esos días que como os he contado, guardo para “porsi”.

Por México en moto: Hotel Rossco, punto de encuentro

El alojamiento aquí en San Cristobal no iba a ser un problema, mediante las redes sociales ya se había puesto en contacto conmigo el dueño de un lugar de esos que nos gustan a los motoristas: Rossco Hostel. Cuando llegué ya tenía preparada una habitación y adelantándose a mis decisiones, para dos o tres noches. Perfecto. Después de asentir y asegurar que me quedaría algún día más, me dieron las llaves de mi habitación.
Este lugar es un BBB; bueno, bonito y barato. Una antigua casa convertida en hostel donde dormir con la moto a tu lado, lavar ropa, hacerte un buen desayuno, charlar en la noche alrededor de una hoguera o disfrutar sin más de sus hamacas en las terrazas de las bonitas vistas. El ambiente viajero del Rossco me encanta, gente de todas partes que llegan hasta ahí y comparten música, juegos y bebidas.


Para mi alegría, en el patio del Rossco hay varias motos más, viajeros que llegan de Guatemala. Charlamos, intercambiamos información sobre los viajes y decidimos quedar al día siguiente para hacer juntos una ruta; el Cañón del Sumidero, en Txusla Gutierrez. La carretera hasta ahí resultó preciosa, llena de curvas, de vegetación y de buenos motoristas que me marcan cada curva, me acompañan en cada giro. Me siento afortunada. Voy volando sobre mi Ducati Scrambler.

Por México en moto: el cañón del Sumidero

Llegamos al punto de embarque del Cañón del Sumidero. Vamos a hacer un paseo en barca totalmente recomendable para observar y disfrutar de ese paisaje increíble. El cañón nació de un pequeño río y fue transformado en una presa. De lado a lado lo cruzan unos puentes con trampolines de más de 15 metros que se usan para la fiesta del salto; cocodrilos y monos esconden en las orillas selváticas, garzas, garzas reales y cormoranes se mecen en las ramas de una exuberante vegetación tropical…Lo único que no me gusta es ver la acumulación de plásticos que traen las corrientes del río arriba, donde las comunidades no tiene forma de reciclar y cada desperdicio que no es orgánico, sobrevive  todo una año para bajar con la corriente hasta acumularse frente a las orillas de los manglares formando feas islas de basura.

Después de más de una hora navegando, regresamos a nuestras motos y decidimos ir a comer algo a San Cristobal. Nos reunimos en un restaurante cerca de la carretera de camino. Al probar una de las salsas picantes que tienen sobre la mesa y comunicar al camarero (aquí se llaman “jóvenes” tengan la edad que tengan y me resulta muy raro llamarlos así) mi predilección por ella, me contesta que es casera, que la hacen allí y minutos más tarde me regala una botella con esta rica salsa de chiles. Por la tarde llegamos a la ciudad. Y pronto llega a ella la noche, es hora de quedar en una típica mezcalería. Probamos sus licores, de pechuga, ahumado, de seis conejos, todos deliciosos, acompañados de naranja y algo de picante. Me retiro pronto a descansar, con la promesa de regresar algún día. Me espera una jornada dura al día siguiente, pero de nuevo no iré sola. Uno de los componentes del grupo se ofrece a hacer la mayoría del camino conmigo.

Por México en moto: camino a Tehuacán

Temprano, muy temprano. En esta parte del mundo amanece muy pronto. A las seis el sol ya está por encima del horizonte y hay mucha luz. Salgo de nuevo hacia el norte. Cientos de kilómetros en línea recta que se hacen eternos, infinitos. Es muy tedioso, aburrido, desesperante. La diferencia es que voy acompañada y en cada peaje, en cada cruce, puedo compartir el cansancio de circular por esa la larga y extenuante recta interminable.
Las horas se suceden entre los peajes y el calor en las dichosas rectas. A veces subimos un pequeño puerto, pero tras tres pobres giros volvemos a la rutina, dos horas, tres, cuatro…

Pese a la petición de mi compañero de parara a comer, no lo hacemos, prefiero continuar, le digo. A media mañana se detiene en el arcén, justo en un puesto de piña. Descansamos bajo un toldo en la sombra, bebemos el delicioso y dulce jugo de esta fruta tropical y aprovecha para comer tamales, dulces y salados. Hablamos con un padre y su hija, los que venden las viandas que hemos degustado. Pero no podemos retrasarnos mucho, me esperan en Tehuacán, son los Ducati Track Days y estoy invitada a disfrutar del circuito.

Por México en moto: el motódromo de Tehuacán

Llegamos a Tehuacán tras una dura jornada de rectas interminables y calor asfixiante. Salgo directa al hotel donde me reúno con el grupo de Ducati que está apuntado a estas jornadas. Al día siguiente entramos en el trazado. Muy llano, pero con unos giros técnicos que me hacen disfrutar de lo lindo sobre mi Urban Enduro. Me mezclo con los asistentes a este evento aprovechando al máximo las indicaciones de uno de los monitores que ya conocí en mi anterior viaje por este país. Cuando termina la jornada me uno al grupo que viaja hacia Puebla, tras una comida en un bar cercano al circuito salimos por la autopista en la que encontramos un gran atasco (aquí llamado “taco”), se nos hace de noche. Nos despedimos en el último peaje, es de noche, justo lo que no quiero, lo que me pone nerviosa en la moto: la noche, la oscuridad y estar dentro de una ciudad.

Mi vista se ve drásticamente reducida, las luces me deslumbran cegándome durante unos segundos vitales. Pese a que me han indicado por dónde llegar al hotel sorteando unas obras, me pierdo. La carretera está en construcción, me paso la primera rampa, no logro retomar le camino, el suelo está arañado, lleno de profundos surcos que hacen que la rueda delantera se desvíe constantemente. Los nervios comienzan a apoderarse de mi. No hay ni una luz el muchos metros alrededor. No veo nada. Los coches me pasan por todas partes sin cuidado. Me siento como una pequeña hormiga desorientada. Rezo para que mi navegador calcule rápido una alternativa. Marca siete kilómetros más, antes sólo eran uno y medio. Espero no meterme por lugares peligrosos, complicados.
Respiro hondo, ya me he visto en esta situación en otras ocasiones y siempre se resuelven de buena manera. Me tranquilizo. Estoy por fin atravesando la ciudad. Llego hasta el centro, es precioso. La ciudad de Heroica Puebla de Zaragoza, grande y moderna, esconde un corazón colonial, mimado, coqueto.
Llego a la puerta del hotel. Es uno de los Hoteles Boutique de México, La Sacristía. Está en el callejón de los sapos. Una puerta amarilla, pequeña de doble hoja en madera. Aparco delante y llamo…

Por México en moto: el callejón de los Sapos

Si alguna vez he estado en un hotel especial, sin duda este es uno de ellos. Es una casa típica, con un patio centra de vecinosl.  Estas construcciones eran casas humildes, donde se compartía el patio para tareas como lavar, colgar la ropa, charlar o preparar algún alimento. Las familias vivían en pequeños apartamentos, con una estufa de leña y varias camas. Los baños eran comunes también. Hoy, esta casa restaurada ha sido un anticuario durante tres generaciones. En su interior una decoración recargada, llena de obras de arte, piezas de valor, muebles antiguos, acompañada por los vivos colores que México siempre regala: rosas, verdes y amarillos.

Cada habitación es diferente. Me toca dormir en una estupenda cama con dosel a la que tengo que subir de un brinco. Mi Ducati ha sido acomodada en la recepción. 3,2,1…a dormir. Al día siguiente llevo la Urban Enduro a Ducati Puebla, la tienen que hacer la revisión de los 1000 km. ¡Me la habían dado con 3 km nada más y ya tienen mil!! “este país es tan grande” pienso…

Mientras revisan la moto, cambian aceite y filtros me vienen a buscar, me voy a ver Puebla y hacer unas cuantas compras. A la vuelta tengo una sorpresa en el concesionario: una de las personas que conocí en los Ducati Days me ha dejado un regalo: una botella de rico mezcal que ellos mismos embotellan. ¡Gracias! Con todo preparado vuelvo a ponerme en marcha, tengo que pasar del estado de Puebla al de México para llegar a dormir a Cuernavaca.

En cinco horas estoy en mi destino, en una casa de huéspedes en lo alto de la ciudad. Una cerveza y a la cama. Al día siguiente tengo que llegar al estado de México, a Valle del Bravo que aunque ya estuve hace unos días, es un buen punto para partir hacia el oeste. Una sorpresa me espera en la ascensión hasta este Pueblo Mágico: encontrarme con la migración de las mariposas monarca que vuelan desde Canadá hasta el sur y que se cruzan en el camino formando increíbles enjambres de colores naranjas. Reduzco la velocidad de mi Ducati hasta dejarla bajar en punto muerto y frenando, para pasar con sumo cuidado entre de estos increíbles insectos migradores.  El espectáculo es tal, que tengo que detenerme, bajarme de la moto y meterme sin la moto, entre ellas. Me siento flotar dentro de esa extraña nube de mariposas que se posan metros más abajo en los árboles y la hierba, forrando con sus alas cada lugar donde se paran, tejiendo alfombras de alas, flotando en el agua cuando bajan a beber.

Por México en moto: Rally Mil Cumbres

El desayuno en Valle del Bravo, una localidad marcada como Pueblo Mágico, rodeada de nuevo de amigos, resulta instructivo gracias a las indicaciones que el “niño explorador” como lo llaman en el grupo, me da para Baja California. Me reúno con un grupo de, como dicen aquí “puras be emes” y comenzamos el recorrido por uno de los tramos míticos del los rallys mexicanos el famoso Mil Cumbres. Una enlazada de curvas bien peraltadas de trazo estrecho, con unos espectaculares barrancos y cascadas, una zona llena de abejas que cruzan sin cesar de un lado a otro. Paramos a hacer fotos, nos divertimos entre las curvas y por fin, llegamos a los pies de la montaña, ha sido una gran experiencia, logro imaginarme este rally y lo espectacular de ver esos coches saltando entre las bajadas, salpicando cuando cruzan a toda velocidad los riachuelos del agua que escurren por paredes de la montaña y cruzan el asfalto.

Después de una deliciosa comida en Morelia con todos los amigos que me habían acompañado a hacer este magnifico tramo desde Valle del Bravo hasta Morelia, toca descansar. De nuevo la generosidad de los dueños de uno de los hoteles Boutique, permite que duerma como una princesa. Pero este hotel, guarda un montón de misteriosas sorpresas, como el árbol de más de 140 años, un “Pata de Elefante”.

Continuará…

Leer el anterior post que habla de Yucatán y Chiapas…Mexico en Moto I
Información sobre hoteles:
San Cristobal de las Casas, Hostel Rossco, hotel amigo de los motoristas pincha aquí.
Hoteles Boutique de México, lugares mágicos para descansar, pincha aquí.

Alicia Sornosa

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