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Recorrer cinco Estados en 10 días: y es que este desafío #USA2019 está siendo muy intenso. El camino hasta la ciudad de Denver, saliendo ya de California se hace bastante pesado. Carreteras interminables en línea recta y un calor sofocante. Unos 100 km antes de la capital de Oregón, paramos para descansar en una población llamada Eugene, llena de micro-cervecerías que producen sus propias bebidas, esto siempre es un aliciente. Salimos esa noche a comprobar si son buenas, pero a las 9 está casi todo cerrado. es algo que no entiendo de los angloparlantes y su cultura…¡Si no se hace de noche hasta bien entradas las 10!!. Aún así, como soy muy cabezota, consigo averiguar donde se mete la gente joven a esas horas…

Cinco estados en 10 días: Oregón

En un barrio tranquilo, cerca de estas pequeñas fábricas que cierran pronto y rodeado de tiendas y tiendas que venden marihuana. Aquí es legal la venta y consumo y el aire está impregnado de ese olor dulzón de esta planta al quemar. Lo mas divertido que encontramos es un local lleno de maquinitas de los años 80. Un «Arcade» en toda regla. Nos pasamos varias horas jugando a el Come Cocos, juegos del Atari y escuchando música de esas épocas. Divertido, la verdad.

Al día siguiente por la mañana, desayunando en la típica cafetería que hay por todo el mundo, Leo (un seguidor desde hace años) viene a buscarme. Tiene una preciosa Harley negra, parece nueva. Nos acompaña hasta Portland, desde donde viene, para hacer de anfitrión en esta ciudad.

Allí visitamos dos cervecerías y nos enteramos que aunque no se puede aparcar en la calle, los parkings son gratuitos para las motos. Portland tiene algo especial, el ambiente de gente joven, las calles tranquilas (que eso debe ser el no poder aparcar en ellas, que evitan el tráfico), amplias avenidas y tiendas muy interesantes, como la librería más famosa de la ciudad, antigua y con millones de libros. Me encanta rebuscar en entre ellos y encuentro dos curiosos ejemplares de «Alicia en el PaÍs de las Maravillas» que regalaré a una fanática de estos cuentos, la escritora Clara Peñalver.

Al día siguiente es Rafael el que me viene a buscar al hotelucho en el que me alojo, esta vez nos fuimos a hacer unas fotos hacia el puerto, pero en el último momento decidimos hacerlas en la estación de tren. Rafa se presenta con una preciosa rosa rosa, con un olor alucinante…y me explica que Portland es la ciudad de las flores, aún guardo la rosa con todo su aroma.

Por la tarde, de nuevo se une a nosotros Leo y junto con Mark, nos vamos a cenar algo. Lo más divertido de esta ciudad es «portilandia» un sentimiento que tienen los que viven aquí de ser raros, un estilo de vida que ellos siempre quieren guardar y reservar. Pero aunque vi más de uno con el pelo de punta, de colores, vestido tipo Caballero de Olmedo…no pude hacer fotos. Lo que si visitamos fue el garito donde se grabó «El Gran Lewosky» y de allí esta foto.

lluvias y tormentas en el camino

Cinco estados en 10 días: Whashington

Cambiamos de estado, aguantando tormentas sobre la moto,  hasta la urbana Seattle. Allí nos esperaba la hermana de Mark Wallace,  que nos invitó a una maravillosa cena en su apartamento  desde que disfrutamos de las maravillosas vistas de una planta 22.  Pese a que es una ciudad más grande que la anterior, Seattle tiene su encanto.

El mercado central es uno de los más antiguos se llama Pike Place, pasemos por sus galerías y pescaderías con montones de delicioso marisco de enormes dimensiones (y  de menos sabor que el que tenemos en Galicia). Recorrimos los lugares turísticos como el pasaje de los chicles (algo asqueroso a mi forma de ver) y el primer Starbucks’s del mundo, frente al mismo mercado.

Las aportaciones para los pequeños de la Fundación Andres Marcio seguía creciendo gracias a la generosidad de seguidores y empresas, que se han implicado regalando material de moto, noches de hotel, relojes, hasta una cámara de acción para sortear entre todos los que participen con su donación. En tres días volvíamos a subir a la moto, esta vez para descubrir el campo y nuevos parques nacionales.

Desde Seattle, giraba rumbo Este para llegar a Spokane, un pueblo (y aquí los pueblos son tan extensos como muchas de nuestras ciudades) donde se vive de los caballos y el ganado.  Así es la vida de esta parte de la sociedad americana. Un país gigantesco en el que  mitad de su población vive en ciudades y la otra en el campo, en medio de nada.

El rancho donde pudimos ver cómo se trabaja con los caballos es de otra hermana de Mark, así que cada mañana y cada tarde nos acercábamos para cotillear este tipo de vida. Pero el campo de verdad, lo veríamos en el siguiente estado, aún más montañas y pinos…

Montana: atardecer

Cinco estados en 10 días: Montana

La lluvia y las tormentas nos siguen acompañando día tras día. tenemos ganas de hacer camping además, los hoteles, por muy malos que sean, se están comiendo mi presupuesto. Dormir en USA cuesta de media unos 60€, a lo que hay que añadir el desayuno y al menos, una comida al día. Pero acampar con todo empapado, sin poder hacer fuego y en medio de la montaña, no tiene mucho sentido.

Virginia, pueblo fantasma del oeste

El tiempo nos dio un respiro al llegar a Virginia City, un pueblo «fantasma» revivido por el turismo del oeste. Se trata de una de tantas ciudades mineras fundadas en la época de la fiebre del oro. Pero esta no sucumbió de golpe al acabarse el preciado metal, si no que aguantó viva durante varios años más gracias a las fortunas que obtuvieron sus habitantes.

Aunque su declive vino porque el dinero, aunque para diversión y casinos si había, no llegaba para el mantenimiento de los edificios de la ciudad, congelándose en el tiempo y quedando hasta nuestros días como una auténtica ciudad victoriana del oeste americano.

Salvaje Oeste

Merece la pena visitarlo, sus casas, abiertas a los transeúntes, aún disponen del auténtico material de venta, barberías, juguetes, vestidos.

Incluso una tienda de fotografías donde la que aquí escribe se hizo la foto de arriba con la ropa auténtica que usaban las cabareteras de los antiguos casinos, tugurios de mala muerte transformados para nuestra época en restaurantes de carne y pasta.

Yellowstone Parque Nacional

Cinco estados en 10 días: Wyoming

El periplo continuó cruzando al estado de Wyoming, al que entramos por el maravilloso  Parque  Nacional de Yellowstone. La verdad que es algo único, una gran superficie llena de actividad bajo la tierra que te deja boquiabierto a cada paso. Es de las cosas que se que no se pueden ver en otra parte del mundo y aunque ya lo visité en 2012 durante mi vuelta al mundo.

En esta ocasión volví a pasar, disfrutando de nuevo cada géiser, cada laguna caliente, los colores amarillos y blancos y las huellas de sus habitantes más antiguos: los búfalos, a los que pudimos observar a tres pasos descansando en la hierba fresca de la orilla de un manantial.

Geiser en yelostone

De este lugar tan especial y atravesando de nuevo Yellowstone por otro de sus lados, seguí con intención de vivir el auténtico estilo de vida americano y un rodeo es algo que no me podía perder. Uno de los pueblos más auténticos y que casualmente, coincidía nuestros días de paso con un festival, era Cody.

En Cody puede vivir en primera persona un rodeo. Se celebra en un gran estadio abierto de forma rectangular, rodeado de las vaquerizas donde descansa toros, vaquillas y caballos. Una vez en sentados, con la cerveza y los nachos o la pizza entre las manos, comienza el espectáculo. Se activa la megafonía y avisa que el himno nacional está a punto de sonar.

Todos se levantan, se quitan en sombrero y con la mano en el corazón (literal) lo escuchan con absoluto respeto mientras una amazona rubia galopa por la arena bandera en ristre. La verdad es que emociona. Después, cantan algo por los caídos. 100% patriotismo que aquí no se entendería bien.

Tras el paseo de otras amazonas con banderas de publicidad, comienza el espectáculo. Ya son las 7 pm y encienden luces para que todo se ilumine sin rastro de sombras. Un hombre disfrazado de payaso hace de presentador del evento, mientras interactúan con la voz de megafonía. Cuentan chistes y saludan al público, también a los niños, preguntando de qué parte vienen del país.

Los toros: no son como los nuestros, son más parecidos a los cabestros, tranquilos, enormes, apacibles en las vaquerizas, con los cuernos limados. Los encajonan entre barreras de metal en la orilla de la arena, les ponen una silla simple con una cuerda bajo la cruz y les atan otra pasando sobre el escroto; esto no les gusta y les hace saltar.

El vaquero se sienta en la silla, el animal no se puede mover, aunque desea quitarse esa cuerda que oprime «parte de sus partes», el hombre se agarra con una mano y parte de la cuerda enroscada en la muñeca (que se la parten con gran facilidad), aprieta las piernas y abren el cajón.

El animal salta dando coces mientras el jinete intenta aguantar sobre él. El tiempo límite de «aguante» es de 8 segundos. Ninguno llega a 6. Cuando el jinete cae, la silla se deshace y el animal queda libre excepto por la cuerda trasera, de la que se encargan de quitar dos jinetes esquivando coces y empujones del animal cabreado.

Esto se repite con caballos (dan mucho miedo, saltan y dan coces de más de un metro de altas)  y vaquillas y con niños y mujeres sobre estos. Después llega otra prueba, esta en equipo: dos jinetes deben cazar a lazo una vaquilla mientras esta atraviesa la arena. Uno tira el lazo y otro baja del caballo, inmoviliza y «marca» (en realidad, no marca nada, es el ejercicio). Tienen unas reglas y un tiempo límite. Aquí la vaquilla no sufre más que un susto de segundos. 

El tercer ejercicio es el que más me gustó: una carrera contra reloj, a caballo, en un circuito con forma de ocho delimitados por unos bidones, el trabajo de caballo y jinete es espectacular. Así termina el rodeo, básicamente esto es como os lo he contado. Participa toda la familia desde niños de 8 años hasta personas mayores. Es la manera de mantener viva, la tradición vaquera.

Cinco estados en 10 días: Colorado

De Wyoming la ruta nos llevó hasta el estado de Colorado, descansando en la estación de esquí de Steam Boat. Las impresionantes montañas y las nubes refrescaban la temperatura, que antes de la ascensión por las Rocosas, rozaba los 46 grados centígrados.

Y hace unas semanas, por fin fuera de carretera pisando la tierra de Colorado, esquivando tormentas y haciendo camping en impresionantes montañas llenas de verde llegábamos a Denver para retomar fuerzas y seguir haciendo pistas de tierra hasta topar con varias estaciones de esquí, como la famosa Aspen.

Subimos hasta el Independence Pass, a más de 4000 metros desde donde el agua del deshielo forma ríos que desembocan en el
Océano Pacífico o Atlantico según sople el viento, es la cordillera que divide el continente americano en dos, desde Alaska a Ushuaia.

A estas alturas del viaje las donaciones habían superado los 2000€, y seguíamos rodando para intentar superar la barrera de los 2500€

Cinco estados en 10 días: Utah

Y rolando al oeste bajamos la cordillera para toparnos con el desierto en el estado de Utah. Aquí empezamos a ver los restos de El Paso de los españoles allá por el 1500. La Sal, Spanish Valley, el rio Colorado, el San Juan,

Inmensos parques llenos de cañones que llenan los ojos hasta el infinito. Naranja y verde, animales como los ciervos, sordos, pumas…la diversidad de este país en cuanto a naturaleza salvaje es tremenda.


Esta semana hemos visto parajes desérticos que nos han llevado hasta Monumentos Valley y las historias de los pioneros, jóvenes familias llegadas del norte de Europa que reclamaron en son de paz y tras un arduo camino en carreta por los cañones Del Río San Juan, parte del territorio inexplorado de los Navajo.

Os hablo desde Arizona, con más de 3000€ en donaciones para estos niños, y unos de 7.000 km recorridos en mi Ducati Scrambler. Ningún daño, un dron perdido y encontrado, sin problemas mecánicos y feliz de que este viaje acabe con una buena entrega de dinero para la investigación de la Laminopatía a finales de agosto, cuando regresó desde LA, cerrando así un círculo por todo el oeste americano.

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Alicia Sornosa

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