La Gran Ruta de Suiza en moto eléctrica

Suiza es un pequeño país lleno de gigantes picos nevados, interminables lagos azules, ruidosas cascadas e infinitas vistas. El país de Heidi, lleno de curvas de asfalto impecable, con una infraestructura perfecta para los vehículos eléctricos que invita a rodar y rodar en perfecto silencio. ¿Pequeño he escrito? Suiza es en un país infinito.

Etapa 1: Madrid-Zaragoza-Francia

Tras dos días de viaje por España, saliendo desde Madrid y cargando en Sigüenza, Zaragoza (gracias al Grupo de electrolineras Zoilo) y Jaca, nos encontrábamos con las dos Zero Motorcycles una SF/R y SR/S en la localidad francesa de Tarbes-Onent-Le-Chateaux. Era la primera noche fuera de nuestro país.

 Nos levantamos temprano cruzando los dedos para que la lluvia que cayó por la noche se hubiera detenido. Y así fue. El siguiente punto de recarga estaba en un pueblo llamado Montaulbant. El cargador de la plaza principal estaba ocupado por un vehículo que debía llevar allí desde la noche anterior.

Además, el otro cargador era muy lento. Decidimos buscar otro punto en un edificio oficial, tras comprobar que había cámaras, dejamos tranquilamente el equipaje sobre las motos y fuimos a comer algo para aprovechar los cuarenta minutos que más o menos tardan en cargarse las dos motos. 

Tras una ligera comida, salimos de nuevo para cargar pasadas dos horas o unos 160 km. En menos de treinta minutos, las motos estaban al 100% de su capacidad de carga. Dos horas después, llegábamos a nuestro destino, siempre evitando las carreteras rápidas.

En Onent-Le-Chateaux el hotel no disponía de punto de carga, aunque sabíamos según nuestras aplicaciones que cerca de él habría alguno. Pero por pura pereza de no llevar las motos hasta el punto de recarga, pedimos permiso para tirar el cable desde la ventana de la habitación que estaba en la planta baja, hasta la moto.

Etapa 2: Onent Le Chateaux-Chambery 

El Tour de Francia, la competición de las bicicletas por excelencia, nos pisaba los talones y no queríamos que nos cortasen los mejores tramos de montaña por el paso de dicha competición. Salimos muy temprano para subir y bajar puertos franceses.Nuestro primer punto de recarga, a unos 120 kilómetros desde la salida, para variar, estaba a las afueras de un pueblo llamado Grandrieu. 

Uno de los cargadores no funcionaba así que nuestra tiempo de espera se multiplicaría por dos. Inesperadamente el camino por pequeñas carreteras durante el medio día fue de los más bonitos de Francia. Subidas y bajadas de pequeños puertos y majadas nos hicieron por fin, disfrutar de nuevo de las Zero, que se movían como pez en el agua. Daba gusto ver cómo su batería no se descargaba rápidamente y mantenía la energía gracias a los desniveles del la carretera y las deceleraciones.

La siguiente recarga fue una odisea, ya que el punto marcado en un centro comercial no aparecía. Por fin, al fondo del parking, estaban los cargadores. De nuevo a pleno sol. Cuarenta minutos después salimos rumbo a Chambery. 

Lo peor estaba por llegar: el paso del famoso Tour había agotado las plazas hoteleras. Nos tuvimos que conformar con una habitación cochambrosa en un pequeño hotel. Y pese a que en la descripción ponía que funcionaba, no conseguimos que el cargador nos diese su energía. Pero a estas alturas encontramos un enchufe y por turnos, cargamos las dos motos sin problema.

Etapa 3: Suiza

Salimos del hotel bien temprano para evitar el Tour y los consiguientes cortes de carretera haciendo uso de un tramo de autopista. Primera parada en Annecy, los dos cargadores en un parking entre el lago y una zona de skate park. Uno de ellos, la tónica ya común, estaba ocupado por un coche híbrido. Así que dejamos una moto cargando mientras nos refrescamos en el lago francés. Sería nuestro último día en este país.

Hora y media más tarde las nubes se cerraron y comenzó la lluvia, con el tiempo justo para ponernos el traje de agua. Por fin cambiábamos el modo de conducción de las Zero a “Rain” y nos percatábamos del cambio de la entrega de potencia, ahora mucho más dulce, al igual que la retención al decelerar. Los neumáticos, unos Pirelli Diablo Rosso nos sorprendieron por su agarre en mojado.

La parada para cargar esta vez nos desvió hasta un edificio de oficinas en medio de una montaña, a los pies de un glaciar. La ristra de cargadores estaban en su mayoría ocupados, otros no funcionaban, por lo que la parada técnica se convirtió en otro buen rato de charla, con la suerte de contemplar este glaciar.

En la frontera franco suiza, ni un guardia, ni control de covid, ni nada de lo que habíamos imaginado. Cruzamos saludando la bandera de la cruz blanca contentos de haber llegado hasta allí sin ningún contratiempo. Una preciosa bajada entre viñedos cultivados en terrazas nos daba la bienvenida a Martigny, un valle inmenso entre los primeros picos suizos que avistábamos. El paisaje no dejaba de sorprendernos a cada kilómetro.

El Hotel Boutique de Martigny, donde nos alojábamos, prometían cargadores de sobra, pero la realidad fue que eran enchufes corrientes (eso sí, uno en cada poste del parking del hotel, algo muy cómodo) a los que conectamos ambas motos con una regleta. También había un híbrido enchufado a la pared. El resultado de nuestra osadía fue “saltar los plomos” del precioso hotelito. Pese a que lo solucionaron en menos de dos minutos la anécdota nos enseñó a no usar la regleta para esos menesteres.

Etapa 4: Furka Pass-Lugano

Salimos ya con la ropa de agua ante la visión de blancas nubes atrapadas entre los picos. Primera parada para cargar en Obergoms, cruzamos precioso pueblos de casas de madera, llenos de flores en sus balcones, la temperatura no alcanzaba los 10 grados y el tren rápido que viaja por estas montañas hasta Gotardo nos cerraba el paso a nivel hasta que terminaba de pasar. Por fin los cargadores funcionaban, eran rápidos y en menos de los que tardaron en el pequeño restaurante de al lado en ponernos una ensalada, las baterías de nuestras Zero estaban al 100%. 

Poco a poco fuimos subiendo hacia el Furka Pass (1400 km), uno de los más conocidos entre los motoristas en esta parte de las montañas, el tiempo nos respetó hasta llegar a la cima. Las motos bailaban las curvas y nosotros gozábamos con ellas.

Pero a la bajada la suerte cambió, la niebla se había adueñado de la carretera; despacio, con las luces de emergencia para que nos viesen mejor descendimos con cuidado. De vez en cuando se escuchaban campanas, o cencerros y también el agua bajando saltarina entre las rocas.

Antes de llegar al siguiente punto, el paso de Andermatt, nos desviamos para pisar la Vía Trémola, una antigua carretera adoquinada que se eleva 340 metros en 24 curvas, nosotros rodamos por  parte de esta calzada del siglo IX. Está pavimentada en piedra de granito y se retuerce hasta llegar a nuestro destino: San Gotardo.

El paso de San Gotardo, el más importante conexión entre el norte y el sur (2090 m) nos reservaba el placer de la lluvia en alta montaña. El palmo de agua en el asfalto no nos abandonó hasta llegar a Lugano. En esta ocasión decidimos, por seguridad ante la tromba de agua, tomar la autopista.

En menos de una hora habíamos llegado a la orilla del lago. Suiza en todo su esplendor, ya que el verde se consigue “regando”. Aquí terminaba esta etapa, una de las más duras del viaje.

Antes de subir a la habitación del hotel frente al lago Lugano, dejamos las monturas en los cercanos cargadores de un parking publico. Secarnos y colgar el equipamiento empapado fue todo uno. El cuarto de baño parecía una lavandería. 

Etapa 5: Día de descanso en Lugano. Cantón del Ticino

Pese a querer movernos de un lado a otro, subiendo en el teleférico y los barcos del lago Lugano; los lugareños nos quitaron la idea de la cabeza, sabían lo que venía y era una buena tromba de agua. Pero la tromba de agua paró y dio paso a una tarde muy agradable.

Lo primero, bajar de la habitación del hotel y caminar por la tranquila Lugano, donde las plazas, los restaurantes y sus terrazas, comenzaban a llenarse de vida. ¡quien se resiste a un Apperol Spritz en una de esas mesas, con música de fondo y camareros perfectamente uniformados y súper amables! Nosotros, no pudimos.

Después de este aperitivo y ya con el sol calentando,  esperamos relajados cerca del lago, tomando el sol en unas comodísimas hamacas que por arte de magia esperaban a que las ocupásemos. Un poco más de caminar por el paseo del lago, hasta que decidimos subir a uno de los barcos públicos.

La excursión  fue deliciosa; el barco circula por el lago haciendo varias paradas en otros pantalanes, en los que te puedes bajar para descubrir, comer o simplemente dar un paseo por esa zona. El precio de este transporte no está incluido en los bonos que te dan si te alojas más de dos días en los hoteles, pero merece la pena hacerlo. Solo así te das cuenta de la inmensidad de este lago que une en esta parte, la cultura italiana con la suiza.

Nuestra parada estrella fue en el pequeño y escarpado pueblo de Gandria. Una maravilla casi colgada del monte Breve y de la cara al lago. Allí puedes dar paseos de diez minutos a varias horas, ya que hay un circuito de trekking, entre otros maravillas que ver, como una de sus iglesias,  la capilla San Rocco del año 1645.

Su especialidad es el conejo y la polenta, el pescado y los ricos dulces, te recomiendo comer en cualquiera de los restaurantes que dan al lago y que después, te des ese paseo para bajar la rica comida, además, no es nada caro. Nosotros lo disfrutamos un montón.

Etapa 6: San Bernardino

Por la mañana el sol lucía y los colores eran, aún más brillantes que en el día anterior. El país de las montañas nos daba la los buenos días con todo su esplendor. Pusimos rumbo a otro de los típicos pasos de montaña: San Bernardino, con parada obligatoria en los castillos de la Bellinzona. (Patrimonio por la Unesco año 20000).

Son tres enormes construcciones de piedra  que ya desde la primera construcción por los romanos en el siglo I, controlaba el   paso al interior.  Es impresionante ver el fuerte con los tres castillos casi alineados desde el más alto, llamado Castelgrande.

Dentro de ellos puedes tomar algo en las cafeterías de los patios, visitar sus interesantes museos  y sentirte como aquellos primeros hombres que supieron aprovecharte de estos estratégicos pasos. Subir hasta ellos con la moto es muy divertido aunque tienes que tener cuidados si el suelo está húmedo.

Unos kilómetros más adelante parábamos a cargar en el pueblo de Bernardino, antes del famoso puerto con el mismo nombre, como en toda la Gran Ruta Suiza los cargadores funcionaban perfectamente e incluso  no fue necesario sacar nuestros cables, ya que los cargadores tienen varios tipos de enchufes adaptados a todos los vehículos.

Un café en una terraza cercana y de nuevo sobre las monturas, en silencio, nos dirigimos al que para mi fue uno de los más bonitos puertos de esta Gran Ruta Suiza. El paso de San Bernardino. El paisaje: praderas verdes, montañas de las que se desprenden bonitas cascadas, curvas enrevesadas, perfecto asfalto, arcenes de verde recortado y vacas con sus cencerros.

Enlazamos curva tras curva, paisaje tras paisaje, subidas y bajadas de pequeños puertos hasta llegar a una de las estaciones de esquí con más historia de competición de Europa. St Moritz.

Pese a que esta ciudad es más conocida por su estación de esquí (posee más de 350 km de pistas) y ser la sede de dos juegos Olímpicos de Invierno, en realidad es la residencia de verano donde los más pudientes de las montañas venían a utilizar sus balnearios y que darse con una piel estupenda, además de curarse de diferentes enfermedades. estas aguas medicinales se llevan utilizando desde hace 3.000 años.

Descargamos en el céntrico Hotel Steffanie y dejamos las motos cargando el el parking privado entre coches clásicos y potentes bólidos. Por fin tiempo para relajarnos y cenar la típica fondue en uno de los restaurantes que dan al lago, también visitamos el bar con más whiskys de esta parte del planeta, alucinando con los precios de algunos de estos alcoholes destilados de origen escocés.

Etapa 7: St Moritz

Durante este día de descanso en la estación de St Moritz revisamos el equipaje y las motos. Utilizando el servicio de  funicular gratuito si pasas aquí más de dos noches, puedes llegar hasta Chantarella-Corviglia,  que es lo que hicimos junto con un montón de ciclistas y sus bicis de montaña hasta la parte más alta,  el Top Of de World, donde puedes disfrutar de una comida o un refresco con unas impresionantes vistas que regala su terraza, tanto al aire libre, como en el interior.

Desde aquí y tras beber un vino, nos dejamos llevar en el teleférico que te transporta hasta el Piz Nair, la zona más alta de esta montaña, donde los avanzados ciclistas descienden hasta la base.

Por la tarde,  descendimos a la estación para disfrutar de la música Jazz, un micro festival abierto a todo el que consumiera en la terraza del hotel que lo organizaba. Ya descansados y preparados para más curvas, las Zero esperaban impacientes en le parking del hotel al día siguiente, para seguir rodando la Gran Ruta Suiza.

Etapa 8: La Vignette

Amaneció en St.Moritz con una precioso cielo azul pintado por unas nubes blancas que parecían algodones. Nuestra ruta iba a ser de cuento y una de las más largas de esta Gran Ruta Suiza. 

Comenzamos el camino con un asfalto perfectamente limpio y seco hacia  el primero de los pasos por la Ruta 3, el de Julier. Al ser cuesta abajo, en el momento de la carga casi teníamos un 60% por lo que el tiempo que invertimos en esta ocasión fue muy poco.

Al llegar a Thusis cambiamos de carretera, que aunque evitaba la autopista, rodaba en paralelo a ella. Parada obligatoria antes de llegar a Andermatt en el Oberalp Pass, donde nacen tres ríos, Ródano, Reus y Ticino. El ambiente motero es único aquí, llegando cientos de grupos sobre dos ruedas para disfrutar de esta subida y la siguiente bajada: la gran garganta que lleva desde Göeschenen hasta Andermatt y su “Puente del Diablo”.

Nuestra siguiente parada antes de tomar un ferri era obligada; recargar la batería, esta vez lo haríamos en la vía de servicio de la autopista. Me quedé sorprendida del espacio para los eléctricos que tenían en la gasolinera, más de 20 cargadores de todo tipo. Para acceder tuvimos que entrar en la autopista y pagar el peaje: “la vignette», si vas a usar la autopista, deberás tenerla es una pegatina que cuesta 30€ y la puedes adquirir al entrar en el país o en cualquier gasolinera. 

Una vez con la carga al 100% continuamos hacia el lago de lucerna. Tomaríamos el único ferry que transporta vehículos de motor y que además es el único punto móvil de la Gran Ruta Suiza, la foto con el típico marco, está en la cubierta de este barco. En menos de cuarenta minutos rodeados de una belleza particular, arribábamos a Lucerna.

Etapa 9: Lucerna

El día amaneció llorando. El gris y la intensa lluvia ensombrecían la mañana, pero no desesperamos, pronto, un hueco entre las nubes dejó al descubierto la bella y romántica ciudad de Lucerna. Desde luego que si quieres visitar una ciudad que represente Suiza, debe ser esta. Edificios altos y ricos en decoración, historia allá donde mires, rincones escondidos llenos de magia, una gran oferta gastronómica…

Nos alojamos el el Hotel Boutique Cascada, sí, como lo lees se escribe en español. Y además de ser un hotelito muy curioso, cada habitación tiene el nombre de una de las cascadas más famosas de Suiza, además, de un restaurante con mucho arte, se llama Bolero y si tienes morriña de la tierra a estas alturas del viaje, puede comer desde una paella hasta tomar un tinto de verano ¡delicioso! es el mejor de la ciudad.

 

Dejamos las motos enchufadas en sus cargadores dentro de el parking cerrado que dispone el hotel, así que te quedas tan tranquilo. La visita a la ciudad te recomiendo que la hagas en transporte público, (ya sabes que está incluido si pasas más de dos noches aquí) o con la moto, que la puedes aparcar incluso en las zonas reservadas a las bicicletas si no encuentras donde.

Visitar esta ciudad medieval es recorrer la historia de este país. Puedes ir de tiendas y te removiendo que entres en alguna de chocolate ya que siempre te dejan probar alguna delicia gratis, después querrás llevarte una caja entera. Lo mejor es perderse por sus calles, desde la zona más turística donde está el famoso puente de madera hasta perderse por el barrio antiguo.  Llegarás a lugares mágicos.

las excursiones por el lago o las montañas son sencillas. Nosotros decidimos visitar el pico del monte Pilatus ( la Ruta Dorada Pilatus) en el tren de cremallera con más inclinación del mundo. Llegar allí en tren o en barco hasta Alpnchstad es toda una experiencia. Y en la cumbre, de nuevo las vistas son asombrosas y hay una estupenda cafetería que te permite disfrutar de ellas. casi 360 grados..

Pero aquí no acaba todo, el descenso en telecabina hasta Kriens (yo a estos pequeños los llamo tele-huevo) te deja admirar los grandes bosques de pinos y los llanos con los lagos, después en bus hasta Lucerna…¿quién da más?

Etapa 10:  Alien vive en Gruyere

Al día siguiente, bajo la lluvia, recorrimos en paralelo los interminables lagos, casi por la orilla y alucinando con las inmensas cascadas de nombres impronunciables. Cuando llegamos al hotel, en la estación de esquí de Spiez, a borde del lago de Thun, nos pusimos a cargar las motos. Fue el primer día que no tuvimos que parar para cargar antes de finalizar el día.

 

El Hotel Eden regaló a las motos las mejores vistas de un parking que jamás hubieran imaginado, pero a nosotros nos permitió disfrutar de su SPA y cenar con unas vistas preciosas en su magnifico restaurante. Como además, no dejó de llover, nos sentimos muy cómodos sin salir del edificio. Recargamos pilas a tope.

Por la mañana el cielo nos daba un respiro. La ruta nos llevaría por la zona de Interlaken, una cuerda de grandes lagos por los que discurre la Gran Ruta Suiza. Aguas cristalinas, más azules o esmeralda dependiendo de la cantidad de agua que llegaba de esos cientos de cascadas que rompen las empinadas laderas. 

 

La primera parada en un lugar mítico para los esquiadores y los suizos que veranean en sus montañas, el precioso y exclusivo pueblo-estación de esquí de Gstaad. Casitas de madera llenas de balcones con flores de todos los colores, al más puro estilo de aquellos dibujos de mi niñez, Heidi.

El centro peatonal destila glamour y posee las tiendas más exclusivas que puedas imaginar, un torrente vibrante a una lado de la ciudad y los coquetos puentes que lo cruzan, ¡parece un cuento!. Después del paseo por el centro, nos dirigimos a disfrutar del popular chocolate suizo a la fábrica de la marca más conocida en el país bético; Caillé.

Tras otra carretera de curvas, llegamos a la región de Gruyére, el paisaje de pinos y montañas se transforma en suaves laderas y verdes praderas, la mano del hombre ha modificado estos bosques durante siglos, transformándolos para el cultivo y sobretodo, para alimentación de su ganado; las famosas vacas suizas que producen leche y quesos. 

El coqueto pueblo de Gruyéres esconde más de una sorpresa. Caminamos cuesta arriba sobre los adoquines, donde el famoso castillo que da nombre al pueblo, nos abrió sus puertas para la visita.

De esta típica localidad medieval de habla francesa, se quedó prendado uno de los guionistas, dibujantes y en general genios del cine del SXX, H.R Giger. Autor de una de las películas más fantásticas y taquilleras de la historia,  Alien, está enterrado en su cementerio.

Tras él dejó un legado en la imaginación de millones de espectadores y entre estas piedras; un estrambótico (como su personalidad) museo y un bar de los más especiales y representativos que he visto en mi vida. Merece la pena visitar ambos lugares.

Acabamos la jornada en el hotel Cailler, un perfecto refugio para esquiadores en invierno y amantes de las aguas en verano, empapados por la lluvia. Su restaurante nos ofreció las delicias locales y ricos dulces y postres con los que aumentar el nivel de calorías en el cuerpo. El descanso fue perfecto después del duro día de lluvia.

Etapa 11: ¿Lago Ginebra o lago Leman?

Nos levantamos con muchas ganas de que el cielo nos diese un respiro.Pero cada vez se ponía más negro y pese a llevar un excelente equipamiento para agua, las motos en modo “rain” y unos neumáticos perfectos, abortamos la visita a la fabrica de queso de Le Gruyère para llegar cuanto antes a el Col des Mosses, que separa la zona del Oberland Bernés con el Cantón francófono de Vaud. 

Poco a poco las viñas se adueñaron de las colinas y a lo lejos, tras la cortina de agua se divisaba el castillo de Aigle, bajo una nueva y divertida sesión de curvas.  Atrás dejábamos la ruta de la Gran Ruta Suiza, aunque la belleza de esta zona bien podría estar en ella. 

Abajo, el lago Lemán, o Ginebra, dependiendo de la zona donde estés, nos esperaba en unos días de su mayor caudal. Atravesábamos Montreux, famosa entre otras cosas por su típico festival de Jazz, este año mucho más discreto por las limitaciones del covid,  hasta Vevey.

Subiendo  la colina y disfrutando de las últimas curvas nos alojamos en el Hotel Boutique du Léman, donde disfrutamos de nuevo de la rica gastronomía suiza en su magnifico restaurante. el hotel tiene una perfecta decoración modernista pop-art, ¡a mi me encantó!

Nuestro último día tocaba su fin y el sol apareció entre las nubes durante el tiempo justo para bajar hasta la orilla del lago y disfrutar de un paseo entre obras de arte y terrazas que apagaban sus luces por la amenaza de un nuevo chaparrón. Al día siguiente, entre lluvia, nos despedíamos de Suiza con el verde en la retina, las curvas entre las ruedas y el deseo de regresar,  rumbo a España.

Datos Prácticos

– Bájate varias aplicaciones de puntos de recarga y compáralas, algunos cargadores no están en todas. Yo he usado sobretodo “Electromaps”

  • Carga los vehículos durante la noche en los hoteles, pregunta antes
    • si están disponibles y en funcionamiento, sobretodo en España y Francia, ya que pueden estar fuera de servicio o sin instalar.
    • Durante la ruta de ida vuelta a Suiza encontrarás cargadores de todo tipo, usa preferentemente los de más de 20 KW, la carga será más rápida.
    • Los cargadores fuera de Suiza están en lugares recónditos de pueblos o en su mayoría, dentro delos centros comerciales de las grandes ciudades, no te vuelvas loco, los encontrarás.
    • Las motos eléctricas se mueven mejor por carreteras viradas, subidas y bajadas, evita las autopistas y autovías, descargarás muy rápido su batería y te perderás los mejores paisajes.
    • En La Gran Ruta de Suiza: Para todo lo que quieras, siempre encontrarás paisajes impresionantes, pasea por las localidades, las callejuelas y rincones llenos de mimo están por todas partes. Disfruta de los vinos locales (no son tan caros como parece) y de la gastronomía, varía en cada cantón.
    • idiomas: en Suiza se habla el Francés, el Italiano y el Suizo-alemán, pero en todos puedes usar el inglés o el francés y te entenderán.
    • Educación Vial: los suizos son muy educados, te abrirán paso si vas en moto en los atascos y carreteras, adelanta con precaución y se agradecido. No te cueles en las autopistas. No uses el claxon, ellos no lo hacen. Las motos se aparcan entre las plazas “ad hoc” o entre los coches, nunca en las aceras. 
    • Con un vehículo eléctrico no pagarás parking si el cargador está dentro del mismo.
    • En Suiza las autopistas son las del cartel verde y la carretera en azul, al revés que en nuestro país, ¡¡No te confundas!!

    Día 1:Madrid-Zaragoza KM recorridos:365. Nº de cargas en ruta: 2

    Día 2: Zaragoza-Albi (Francia) KM recorridos: 287. Nº de cargas en ruta: 2

    Día 3: Tarbes-Montauban-Onet-le Châteaux. KM recorridos: 264. Nº de cargas en ruta: 2

    Día 4: Onet-le-Châteaux -Grandrieu- Rodez- Chambery. KM recorridos: 429. Nº de cargas en ruta: 2

    Día 5: Etapa 1 La Gran Ruta de Suiza. Chambery -Lac D`Annecy- Martigny. KM recorridos:205

    Nº de cargas en ruta: 2

    Día 6: Etapa 2 La Gran Ruta de Suiza. Martigny-Valais-Lugano (Pasos del Furka y Splugen). KM recorridos:255.  Nº de cargas en ruta: 1

    Día 7: Etapa 3 La Gran Ruta de Suiza. Lugano-St Moritz. KM recorridos: 191. Nº de cargas en ruta: 1

    Día 10: Etapa 4 La Gran Ruta de Suiza. St Moritz-Julierpass-Thussis-Andermatt-Lucerna. KM recorridos: 248. Numero de cargas: 2

    Día 11: Etapa 5 La Gran Ruta de Suiza. Lucerna-Meiringen-Brienz (por Brünig pass)- Grindelwald. KM recorridos: 100. Numero de cargas en ruta: 0

    Día 12: Etapa 6 La Gran Ruta de Suiza. Erlenbach-Gstaad-Rossiniere-Gruyerés. Km recorridos:163. Número de cargas en ruta: 0

    Día 13: Etapa 7 La Gran Ruta de Suiza. Gruyeres-Mosses-Montreaux-Vevey. KM recorridos: 82. Número de cargas en ruta: 0

    Si tienes dudas sobre este viaje o quieres saber más sobre las motos/organización/detalles, puedes hacerlo pinchando aqui, es una selección de vuestras preguntas y mis respuestas.

Recuerda que este blog se nutre de tus comentarios ¡no te cortes, escribe, pregunta y mira los enlaces, están llenos de información!
Alicia Sornosa

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